HOUSE OF THE DEAD

 

Un grupo de adolescentes decide asistir a una multitudinaria fiesta que se celebra en una isla de leyenda maldita. Nada más llegar, y con la ayuda del marinero que les llevó al lugar (Jurgen Prochnow), deberán hacer frente a toda una horda de zombies que amenazan con quitarles la vida a las primeras de cambio.

Que la historia contada en esta película no es muy original es algo que salta a la vista, aunque probablemente no sea lo que uno busque en una película que lleva por título House of the Dead.
Así pues, el interés de esta propuesta se centra únicamente y exclusivamente en el hecho de que se basa en un videojuego de igual título, en el que la acción y la violencia son sus principales armas, por lo que uno espera encontrar en ella iguales dosis de entretenimiento y sangre...

Pues bien, resulta que Uwe Boll, el director que perpetra esta pesada broma, no solo tiene el mal gusto de utilizar una y otra vez los mismos movimientos de cámara, de usar el bullet time de Matrix sin ton ni son y de intercalar absurda y continuamente imágenes del citado videojuego, sino que, para desgracia del incauto que se atreva a ver esta obra, no consigue ni siquiera lo único exigible a este tipo de producciones, hacerla divertida.
Y es que se podrán criticar mil y un aspectos realmente bochornosos, pero lo que no se puede permitir de ninguna manera es que un film que tiene por único interés hacerse divertido acabe convirtiéndose en un continuo carrusel de efectos repetitivos, escenas caóticas y narración aburrida y tediosa.

No perdáis el tiempo viéndola, sacaréis más provecho si optáis por pasar la tarde dándoos cabezazos contra la pared.
 

Javi-Wan
 

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