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SUKIYAKI WESTERN DJANGO
Según el diccionario de la Real
Academia, un spaghetti es una "pasta alimenticia de harina en forma de
cilindros macizos, largos y delgados, más gruesos q ue
los fideos". Aunque respeto mucho a los venerables académicos, para mí un
spaghetti es otra cosa muy diferente: es Clint Eastwood disparando a la
soga en la que van a colgar a Eli Wallach, es Lee van Cleef y Gian María
Volonté enfrentándose en un duelo mientras suena un reloj de música, es
Sergio Leone, Almería y la música de Ennio Morricone. El spaghetti western
le dió una última vuelta de tuerca a un género que, como John Wayne en El
hombre que mató a Liberty Valance, ya estaba muerto pero vivía en el
recuerdo.
Estaba
escrito que un género tan posmoderno, referencial y metacinematográfico
como el spaghetti iba a ser homenajeado por alguno de los nuevos freaks
que circulan por la escena cinematográfica internacional: Quentin
Tarantino, o Takashi Miike o... ambos. Porque Sukiyaki Western Django es,
antetodo, un homenaje y una diversión: toma un argumento muy parecido al
de Por un puñado de dólares -que es el mismo de Yojimbo- para acabar
haciendo un chiste sobre Django.
Desde
el inicio de la proyección todo tiene un tono paródico, desde la aparación
de Tarantino nada más empezar, hasta la escenografía, excelente (SWD se
llevó los premios a mejor diseño de producción y mejor fotografía en
Sitges), pasando por el vestuario de los personajes, mitad samurai, mitad
cowboy. El tono de la película es muy similar al de un comic, lo que
constituye uno de los muchos parecidos que tiene con el primer volumen de
Kill Bill: en SWD también se juega con la relación maestro-alumna y
también nos presenta, de una forma tan aparatosa como la película de
Tarantino, a una asesina legendaria.
Sukiyaki
Western Django es cine sin pretensiones intelectuales; un juego que
encantará a aquellos que estén dispuestos a divertirse con una historia de
cowboys japoneses armados con un revólver y una katana. Y es que... ¿quién
no ha pensado en quién ganaría en un combate entre Toshiro Mifune y Clint
Eastwood? Vale, cualquier persona normal jamás pensaría en esas chorradas.
Pero el cine de hoy, cercado por la televisión y la publicidad, tiene la
obligación de no ser normal, de hablar de sí mismo porque, como decía
Godard, "Desde casi siempre, la vida del mejor cine consiste en juguetear
con el mito".
En definitiva, imprescindible para los que disfrutan (disfrutamos) con las
películas de Sergio Leone.
Cristian
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