¿QUO VADIS, KITANO?
 

 

Cuando se estrenó Zatoichi en el Festival de Venecia del 2003 nadie pareció especialmente sorprendido. "Una película que bebe de la tradición oriental", "una película perfectamente clasificable junto a Brother o Hana-bi", eran los comentarios. Cierto era que en Zatoichi, Takeshi Kitano había cambiado el emplazamiento de la película: en vez de tratarse de una lucha a muerte entre yakuzas, era un combate entre samurais. De hecho, Zatoichi me pareció más conservadora que otras películas de acción de Kitano: no contenía tanta poesía como Hana-bi o Sonatine, sino que estaba más en el estilo llano y directo de Brother. Sin embargo, hay un par de elementos en esta película que no encajaban del todo bien con las películas inmediatamente anteriores de su director: el humor absurdo, que aunque presente en El verano de Kikujiro, aquí tenía unas apariciones que rompían más con el estilo de la película; y muy especialmente el baile con el que acaba la película: ahí se rompía el desarrollo normal de un argumento para entrar en un juego surrealista, que recordaba a las apariciones de los actores para recibir el aplauso del público que se hace en el teatro.

Pero es en su siguiente largometraje donde Takeshi Kitano sí iba a romper claramente con todo su cine anterior. Recuerdo que al entrar en la sala donde iba a proyectarse alguien entre el público dijo en voz alta "¿ahora toca película violenta o poética?". Pues bien, ni uno ni lo otro: ni Dolls, ni Brother. Takeshis' constituye una experiencia onírica, que apenas deja algún resquicio en el que el espectador pueda agarrarse para construir una línea argumental lógica: si tuviéramos que dar un símil, éste sería una película de David Lynch. La película empieza explicándonos la historia de Mr. Kitano, un proyecto de actor algo bobalicón que no deja de ser rechazado en todos los castings a los que va. Por la otra parte tenemos a Beat Takeshi, gran estrella del mundo del espectáculo. Ambos personajes están interpretados por Takeshi Kitano.

A partir del momento en que se encuentran, avanzamos dentro de lo que parece una ensoñación de Mr. Kitano, llena de referencias -algunas muy chistosas- a las películas anteriores de Takeshi Kitano: la espera en la playa de Sonatine, el hombre aparentemente inmune a las balas de Violent Cop... Takeshis' es una película extraña en una manera que sorprende mucho en un cineasta con los antecedentes del nipón.

La película que confirmaría la ruptura se llama Glory to the Filmmaker!, y es, a día de hoy, su última obra. El inicio resulta tremendamente esperanzador: Kitano explica los avatares de un director llamado "señor Kitano" en clave de humor, desquitándose un poco con la crítica, además de hacer unas parodias bastante divertidas de diferentes géneros: el subgénero de terror asiático, las películas de Ozu, las películas de ninjas... Una interesante reflexión sobre su propio carrera, a lo 8 1/2. Más, a partir de ahí, el diluvio: la película se convierte en una comedia absurda que deja a Takeshi's Castle (Humor Amarillo) como un ejemplo de humor inteligente y racional. Glory to the filmmaker! constituye un ejemplo de comedia inmediata, que busca antes el golpe directo que una eventual supervivencia al paso del tiempo. Por eso no tiene nada que ver con una obra de autor, es decir, con lo que se espera de alguien de su prestigio.

¿Qué le ha ocurrido al "señor Kitano"? Su cine ha cambiado, eso es evidente. Pero no es una "evolución" o un periodo de su carrera artística al uso: más bien creo que el realizador nipón ha decidido, simple y llanamente, reírse de sí mismo, y de paso, del mundo del cine. Tampoco es el primero que decide apartarse de lo que se esperaba de él; a pesar de que la cinematografía sea el arte comercial por excelencia, aún así, el cineasta es un artista. Por ello es normal que un director decida romper con su obra anterior: Godard ya lo hizo en los 70.

Más allá de este aparentemente caprichoso giro en su carrera, hay un problema real en la dirección que había tomado el cine de Kitano. Su cine, o mejor dicho, las dos vertientes que conformaban el conjunto de sus creaciones, parecían sinceramente agotadas. Con las películas "líricas" (A scene at the sea, El verano de Kikujiro...) Takeshi Kitano había llegado a su techo; Dolls representa la máxima expresión de ese estilo poético personal que tanto ha encandilado a la crítica: ese camino ha llegado a su fin. Algo similar ocurre con sus películas de acción: Sonatine y Hana-bi fueron su cenit, uniendo al tono brutal de sus primeras películas la sensibilidad que Kitano ha venido desarrollando con el tiempo. Por ello Brother fue para muchos una vuelta de tuerca innecesaria, demasiado simple: un regreso a un cine sin complejos ni desviaciones intelectuales. Pero un artista no puede regresar al mismo terreno sin sentirse hastiado.. ni hastiar.

Hay otro factor que, creo, habría que tener en cuenta al considerar las obras recientes del director japonés. Es una cuestión resbaladiza, en la que no entraría si no creyera que puede aportar algo importante al tema. Se trata de la vida personal de Kitano. Como es sabido, él intentó suicidarse en 1996, intento de suicidio que le dejó como secuela una parálisis facial parcial. Conocida en el mundo entero es la fuertísima presión que se ejerce sobre los individuos en la sociedad nipona, además de su singularísima afición a la automuerte. Kitano, quizás, ha decidido romper con la angustia del no saber qué hacer de la forma más brutal posible: con lo irracional.

Takeshi Kitano, pues, se ha encontrado en una calle sin salida, que a la vez es una encrucijada de caminos infinitos: virar el rumbo a cualquier parte, mas no seguir adelante. Y ha elegido jugar, bromear, la diversión por la diversión, l'art pour l'art. Deseemos que encuentre otro filón artístico que nos haga disfrutar como ya lo ha conseguido anteriormente. Un brindis por Takeshi Kitano.


Cristian


 

 


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