PALMARÉS PREVISIBLE Y POCO REPARTIDO
 

   Hace unos minutos se ha hecho público el palmarés de esta edición 2007 del Sitges festival internacional de cine fantástico de Cataluña, que este año cumple 40 años.
 

Lo primero reseñable es que el premio a la mejor película ha recaído sobre The Fall, de Tarsem Singh, excesiva y sobredimensionada producción que ejemplifica el dicho "no siempre el todo es la suma de sus partes", máxima que en esta ocasión juega en contra de este film de altísimo presupuesto. Su historia es anodina por momentos, repetitiva y divagante en su esquema narrativo, además de que en ningún momento (ni siquiera al acabar la proyección) nos quedan claras las verdaderas intenciones del film, si bien todos los apartados relacionados con la gran cantidad de dinero invertido son excelentes. Este premio ha generado gran controversia entre la crítica e incluso no es difícil entrever que la decisión del jurado ha sido más consensuada que unánime.
 

Dejando de lado lo "fantástico" (o paranormal) del premio a la mejor película,  la gran triunfadora de la sección oficial ha sido REC, de Jaume Balagueró y Paco Plaza, obteniendo galardones a la mejor dirección, mejor actriz protagonista y premio del público, además de obtener el premio de la crítica. Probablemente esta sea la obra más estimulante de Plaza pese al buen nivel al que nos tiene acostumbrados y también de Balagueró desde su primeriza Los Sin Nombre, con una sabia utilización del fuera de campo, un genial trabajo de posproducción de sonido y una muy tensa atmósfera que ancla a la butaca incluso al espectador más iniciado. Una gran película de género, fresca en su formato y en continuo crescendo desde su apocado inicio.


Su competidora en cantidad de premios ha sido À L'Intérieur (Inside), de Alexandre Bustillo y Julien Maury. Esta obra, que en sección oficial solo se ha merecido el premio a los mejores FX de maquillaje, ha sido la auténtica ganadora por puntos de esta edición, al ser elegida mejor película europea, premio a la mejor ópera prima y premio a la mejor película según el jurado joven. De situaciones mal justificadas y caprichosamente adolescente en su narración, guarda en la calidad de sus efectos y el gusto por el gore los argumentos de su defensa. Sorprendentemente ha sido reconocida como mucho más que eso y, aunque reconozco que los FX de maquillaje si que son muy premiables, no es mejor ópera prima que films como por ejemplo la estimulante Los Cronocrímenes, de Nacho Vigalondo.
 

Como reza el titular, el palmarés se ha repartido entre pocos films, ya que la mayoría han obtenido más de un premio. Ese es el caso de Sukiyaki Wester Django, de Takashi Miike o Mushishi, de Katsuhiro Ôtomo, ambas con un notable acabado visual y un diseño de producción deudor de un alto presupuesto.

La obra de Miike destaca sobre todo por un cierto barroquismo en el diseño de producción y fotografía, con una gran cantidad de artefactos de decoración y look western aderezados con una textura muy saturada en colores amarillentos/anaranjados y muchísimo contraste que acrecenta la sensación de espacio cerrado llegando incluso a parecer un decorado teatral (a veces lo es), todo lo contrario que la naturalista propuesta de la obra de Ôtomo en la que predomina la naturaleza y por tanto los espacios abiertos. Es por ello que el jurado se ha decantado por la opción (más fácil) de premiar la fotografía y el diseño de producción de la obra de Miike, mientras han reconocido la perfecta integración de los FX digitales y la música en la obra de Ôtomo otorgándole sendos galardones, merecidísimos teniendo en cuenta la dificultad de realizar tales empresas en una obra de corte tan despojado de artificios. En definitiva, dos obras que merecen el esfuerzo de su visión por encima de sus problemas narrativos o de ritmo, tan alejadas entre sí en su propuesta formal como cercanas en su concepción de obra de autor.

Otra cinta oriental galardonada ha sido la surcoreana y esperadísima I'm a Cyborg but That's OK, de Park Chan-wook, todo un alarde de imaginación al servicio de la mejor técnica y un gran talento en la dirección. Gran trabajo de efectos especiales y cuidadísima gama cromática para la fotografía, actores a un gran nivel y momentos de hilarante comicidad, quizás su arriesgada propuesta sea la culpable de que no haya sido bien encajada por las hordas de fans del director ni por la crítica especializada, aunque finalmente se premió quizás el apartado menos brillante de cuantos gozaba, el del guión.

La otra película de sección oficial que se llevó un premio en solitario fue Joshua (el Hijo del Mal), de George Ratliff, cuya mayor baza es la buena atmósfera que construye en torno a un relato de lo más sosegado y ligeramente costumbrista, con reminiscencias de La Semilla del Diablo o El Otro. No tiene grandes momentos de clímax pero en ningún momento pierde el ritmo de la narración ni su atmósfera de inquietante y quebrantable tranquilidad. Suyo fue el premio a la mejor actuación masculina (Sam Rockwell), uno de los pocos papeles masculinos mínimamente protagonistas que hemos visto en esta edición, así que la competencia era muy poca y las posibilidades de galardón muchas.


Otros premios a destacar han sido el de Mejor Película Orient Express para la entretenida Dororo, cuya sección fue este año demasiado floja en el nivel de sus propuestas y estuvo plagada de lugares comunes tan predecibles como faltos de interés y, a veces, con serios problemas de ritmo o incluso inteligibilidad de la historia...


...todo lo contrario sucedió en la  sección Noves Visions, plagada de películas muy interesantes y de muy diferentes propuestas. El premio a la mejor película de esta sección recayó sobre el valiente documental Zoo, de
Robinson Devor, discurso sobre la libertad individual y la represión de la sociedad articulada en torno al acercamiento a un caso real de zoofilia. Formalmente más creativa de lo que podía esperarse y con una buena utilización de la música y de los tiempos muertos.

Por último, comentar que el premio a la mejor película de animación recayó sobre la surcoreana Aachi & Ssipak, de Joe Bum-jin, propuesta que con su refrescaste e irreverente estilo convenció más que Tekkonkinkreet, otra buena producción en lo referente al apartado técnico pero de corte mucho más clásico.


A grandes rasgos, un palmarés acertado en su conjunto y predecible en sus decisiones, concentrado en pocas películas y con un premio muy controvertido a la mejor película fantástica.
 

Javier Rueda


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