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DAINIPPONJIN (EL GRAN JAPONÉS)
Dainipponjin: It's really freak, but that's OK
Para el espectador que entra en la sala sin haber leído la sinopsis, el
inicio de Dainipponjin resulta extremadamente desconcertante. En tono
documental, la película nos muestra una entrevista a un japonés,
que, la verdad sea dicha, parece que le falte un hervor. A este hecho
aparentemente intrascendente, se le une unas preguntas un tanto
confusas: ¿Le gustan los fideos instantáneos? Sí, porque crecen.
Nada tiene mucho sentido, aunque sí mucha gracia, hasta que ya
transcurrida la primera media hora del film, el protagonista recibe una
llamada telefónica que le anuncia que tiene que ir a trabajar...

...la cámara
sigue el recorrido del protagonista hasta una central eléctrica donde el
documentalista no puede seguir grabando; minutos después, vemos como el
japonés con aspecto de vagabundo se convierte en un gigante semidesnudo
armado con un palo dispuesto a detener a las fuerzas del mal.
Jo, qué frikada.
Eliminada ya la sorpresa inicial, el falso documental, por llamarlo de
alguna manera, continúa jugando con las evidentes posibilidades
humorísticas que suponer tener a un superhéroe en el mundo real: un buen
montón de gags y situaciones ridículas muy divertidas. Aún así, entre
las risas la película tiene cierto tono melancólico, descubriéndonos el
olvido de las tradiciones japonesas que viene acentuándose aún más desde
la liberalización que inició Koizumi.
La época dorada de los superhéroes
gigantes fue hace ya 70 años, y nuestro protagonista se ha convertido en
el último de ellos: despreciado por la mayoría de la sociedad, su
programa de televisión apartado al late night y abandonado por su mujer
que no le deja ver a su hija.
Sólo logra recuperar algo de notoriedad
cuando es humillado por uno de sus enemigos -es decir, cuando se
convierte en telebasura- y, al final, los que derrotan al enemigo que el
superhéroe japonés es incapaz de vencer son, por supuesto, héroes
americanos.
Bye, bye, old Japan.
Cristian
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