ANGOIXA
 


No hay otro lugar en donde poder disfrutar del temor de este film como en una sala de cine. Después de tantos años, después de haberla visto en muchas ocasiones, debo confesar que nunca había sentido temor hasta que la vi en los cines Retiro. Y no era la única, más de la mitad de la sala miró de soslayo o directamente hacia su asiento trasero en busca de una tranquilizadora butaca vacía y, en caso contrario, una inspección rápida del rostro de la persona ocupante. No es de extrañar, pues Angoixa juega magistralmente con fuentes básicas de terror que se encuentran en una sala cine: la oscuridad, la percepción de ser un blanco fácil, el hecho de estar rodeado de desconocidos...

Y no se para sólo en lo anterior, este film crea tres dimensiones: la película que estamos viendo se desarrolla en otra sala de cine en donde, a su vez, los personajes acechados por un psicópata están viendo otra película en la que un asesino en serie mata a gente en una sala de cine. Simplemente brillante. De hecho, no sería de extrañar que algún día un perturbado se obsesione con el film al igual que el protagonista de la segunda dimensión, dando lugar –aunque quede morboso decirlo- a la perfecta trinidad: una masacre que sucede (y se refleja) entre tres planos.

Otro detalle genial a mencionar es el uso de la sugestión, mediante un mensaje que aparece al inicio de la proyección para advertirnos sobre las imágenes subliminales que contiene el film. El único propósito de este anuncio es estremecer al espectador.. y lo consigue. Para reforzar dicha sugestión, durante el film asistimos al ritual con el que el protagonista es hipnotizado por su propia madre, haciéndonos recordar esto la advertencia del inicio y planteándonos otra inquietante duda: ¿vamos a ser influenciados?, o lo que es todavía más acongojante, ¿alguien de nuestro alrededor lo estará?.

 Un gran hito del cine de terror es el uso de determinadas partes del cuerpo de las que somos más sensibles: las uñas, los dientes y, en este caso, los ojos. Para completar el cuadro del film, la elección es obvia, los ojos son los más indefensos y al mismo tiempo imprescindibles, necesarios además para poder ver films. A fin de cuentas, su perdida significa la oscuridad: de nuevo nos volvemos a encontrar con esta referencia, la ausencia de luz, el origen del miedo básico, la angustia.


Silvia García
 

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