MIRRORMASK


Esperadísima película escrita por Neil Gaiman y dirigida (y diseñada) por el reputado dibujante gráfico Dave McKean, Mirrormask nos cuenta la historia de Helena, una joven que tendrá que viajar a un mundo fantástico en pos de una máscara que le permita liberar a su madre del estado de coma en el que se encuentra.

Esta película, cuyo proyecto surgió como consecuencia directa del intento de remake de Dentro del Laberinto por su 20 aniversario, basa gran parte de su atractivo en unos diseños simplemente apabullantes, con un estilo muy propio y arty, bañados por una fotografía de base dorada que opta por aplicar un curioso degradado de imagen pocas veces visto en cine (y menos aún comercialmente).

Por desgracia, este hecho que ya de por sí constituye una base excelente sobre la que cimentar un film acaba desenmascarándose como el único punto reseñable de la obra, seguramente debido al hecho de que para McKean era su primer largometraje después de haber realizado solo dos cortometrajes, ya que narrativamente se le pueden achacar muchos defectos que acaban lastrando el conjunto.

Para empezar, el ritmo con el que se suceden los hechos es bastante desangelado, sin tensión dramática alguna ni siquiera cuando los hechos suceden en el mundo real, lo que se nota muchísimo más con una historia que consiste simplemente en el increíble viaje realizado por la protagonista femenina, que además desarrollándose en un mundo fantástico está desprovista precisamente de ello, de ese sentido fantástico, mágico, casi litúrgico con el que se cuentan ese tipo de pasajes y que aquí brilla por su ausencia, reprimido por tanta parafernalia visual que de tan pretendidamente ensoñadora acaba siendo demasiado cargante y aburrida.

Otro lunar a la hora de evaluar el trabajo de McKean ante la cámara es lo brusco de las transiciones entre los dos mundos, resultando estas bastante forzadas y, por tanto, haciendo que el espectador asista a dos partes inconexas de una misma película, lo que junto a lo que citaba anteriormente convierte a Mirrormask en una sucesión de diapositivas fantásticas más o menos conseguidas que viene precedida y culminada por sendos segmentos de historia que sirven de excusa para justificarla.

Por último, decir que muchas de las situaciones presupuestamente fantásticas o de un cierto sabor a aventura están resueltas de manera esquemática y sin mucha gracia, exceptuando la fascinante escena musical, que es de lejos el momento de Mirrormask, lo que hará que esta película resulte interesante a todos aquellos amantes del diseño (y no solo fílmico) pero que está destinada a pasar sin pena ni gloria por el circuito comercial debido a su escaso atractivo de cara al gran público.


Javi-Wan


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