SEED OF CHUCKY
 

   Nuevo capítulo de las correrías del muñeco asesino más famoso de la historia del cine, esta vez bajo la dirección del artífice de la saga, Don Mancini.

En esta ocasión la trama gira en torno a Glen, hijo de los muñecos Chuky y Tiffany, que se escapa del sádico ventrílocuo que lo tiene esclavizado para ir a Hollywood, ya que por la tv se ha enterado de que estos podrían estar rodando una película allí...

Con esta premisa se nos presenta la quinta entrega de la saga, profundamente marcada por la renovación que supuso en la franquicia el capítulo anterior, en donde el humor negro y el gore se convertían en adalides de la función en detrimento del terror de los primeros films.

Es este un film sin complejos, consciente de su aspiración a simple exploitation del género, lo que le beneficia en su falta de necesidad de justificar sus personajes o de darle un transfondo innecesario a la trama.
Al igual que la saga Scream pero con muchas menos pretensiones que las dos últimas entregas de esta, todo Seed of Chucky es un gran juego metareferencial, habiendo cabida en ella para Psicosis o Labios Ardientes, que igual se ríe a carcajada limpia de estereotipos made in Hollywood, o te asalta con lecturas llenas de sanísima mala baba sobre la educación y la violencia en el seno de la familia americana, todo ello aderezado con muestras de gore nada desdeñables, irónicas y originales, especialmente destacables para los comedidos tiempos que corren en el género fantástico occidental.

La dirección es efectiva, manteniendo un ritmo endiablado y envidiable en muchas otras producciones de este tipo, a lo que hay que sumar un montaje muy acertado en su ritmo y frescura narrativa, así como una música, orquestada por Pino Donaggio, que acompaña sin problemas aún cuando no sea especialmente memorable.

A poco que te guste el género te divertirás con este film, pues a todo lo dicho cabe destacar la interpretación de Jennifer Tilly que, a sus espléndidos 40 años, se ríe de sí misma sin complejo alguno, el curioso cameo de John Waters, que hace de paparazzi, y alguna que otra frase mordaz de Chucky, todos ellos tan memorables como el impagable homenaje que el film le dispensa al Glen or Glenda de Ed Wood.

En resumen, un film para mentes abiertas y conscientes de la asumida vacuidad de todo el tinglado.
 

Javi-Wan

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t en eleer la historia contada por el niño protagonista.