PRIMER
 

   Cuatro ingenieros se reunen en un garaje para experimentar con tecnología punta y por casualidad crean un aparato capaz de distorsionar la realidad.

Con esta trama debuta en el largometraje Shane Carruth, artista autodidacta que en esta producción se encarga de la dirección, el guión, el montaje, la música y la edición de sonido.

El guión está lleno de giros argumentales sorpresivos y diálogos llenos de términos científicos, destacando sobretodo por su imaginativa utilización del muy utilizado recurso de los saltos en el tiempo.
La única pega radica en la poca profundidad emocional de sus personajes, que no son más que me
ras piezas dentro del enrevesado puzzle de la trama.

La dirección es solvente en términos generales y está supeditada por completo al posterior montaje, aunque no prevé la dificultad de contar el enrevesado tramo final mediante este y a la postre no consigue hacerla entendible.

El montaje carga el ritmo del film sobre una narración muy entrecortada de la historia, algo poco utilizado y que dota al conjunto de un gran dinamismo y cierta originalidad acordes con la factura autoral e independiente de la obra, y que posibilita que esta ese desarrolle en apenas 80 minutos, lo que ayuda a que el espectador no acabe cansándose de tamaña paja mental.
Aún así, y como decía anteriormente, tanto fragmentar la narración acaba pasando factura y repercute en la inteligibilidad de la historia, que se vuelve demasiado confusa en sus momentos finales.

En resumen, nos encontramos ante una propuesta única, original narrativa y formalmente, que pese a tener alguna que otra deficiencia en sus apartados (iluminación no homogénea, algún que otro desenfoque) acaba resultando fresca e interesante en su cómputo global.

Quizás no sea un film para todos los paladares pero, sin ánimo de ofender, resulta un verdadero bastión entre tanta estulticia de alto presupuesto.


Javi-Wan

 

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