|
BIRTH Nicole Kidman da vida a una viuda atractiva y sofisticada del Upper East Side de Nueva York que, al decidir casarse de nuevo, recibe la visita de un niño que asegura ser la reencarnación de su difunto marido. Con este sorprendente comienzo arranca la trama de Birth, la última película de Jonathan Glazer, el director de la sorprendente Sexy Beast, en donde uno no sabe muy bien si asistirá a la enésima película sobre el típico niño sicótico o a un drama intimista de profunda reflexión existencial.
Por desgracia la cosa se queda en nada, pues una vez finalizada la película uno descubre que no hay ni niño peligroso ni drama desgarrador, solo una historia a priori un tanto arriesgada que mezcla pedofilia (que no pederastia) y drama familiar, pero que a la postre no llega a ahondar en ninguno de los temas que se entreven.
De la dirección poco hay que
destacar a parte de algún que otro atisbo de atrevimiento en los planos
utilizados, pues aunque la planificación es efectiva para el tono
melodramático que se pretende, es de recibo que el tono de todo el
conjunto es más gélido que un témpano de hielo, seguramente a propósito de
evitar que una historia tan fácil de convertir en irrisoria acabase
siéndolo, a consecuencia de lo cual el espectador no se siente cercano a
los personajes ni se implica en el drama de la historia, convirtiéndolo
todo en una simple historia que pasa sin pena ni gloria ante nuestras
retinas y, lo que es peor, en la que nunca acabamos de llegar a creer, en
gran medida por algunas reacciones un tanto esquemáticas de los personajes
(sobretodo en la parte final) y por una de las secuencias mostradas al
inicio del film, necesaria para la explicación final, que hace que el
espectador tenga la mosca detrás de la oreja durante toda la proyección y
le impida llegarse a creer la historia contada por el niño protagonista. En ese aspecto, el de la frialdad transmitida por todo el conjunto, destacar que la partitura de Alexandre Desplat es bastante repetitiva pese a la calidad de las pocas melodías que tiene, lo que hace que uno acabe (literalmente) aborreciendo escuchar una y otra vez lo mismo, consiguiendo que ese tono reiterativo acabe haciendo especialmente tediosas algunas situaciones pretendidamente emotivas del film.
Nicole Kidman aguanta casi toda
la historia sobre sus
espaldas, enamorando a la cámara desde el principio,
como en
e El resto de actuaciones son simplemente correctas, sin más, es especial la del niño, del que parece que solo hayan querido conseguir que ponga cara de pocos matices.
En fin, una buena idea lastrada
por la "castidad" que impera en Hollywood, convertida en una "película de
personajes" sin personajes detallados y en un drama existencial con
personajes contenidos, esquemáticos y mostrados de manera distante y fría. Javi-Wan |