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CRÓNICA DEL VIERNES 3
De camino a Mollet del Vallès me
iba preguntando como podía ser que una muestra de este tipo pudiera
tener viabilidad en un sitio tan hostil, a priori, como podía ser
cualquier localidad que no fuera capital de provincia, teniendo en
cuenta que las películas del programa no eran lo que uno acostumbra a
ver circular comercialmente ni siquiera en una ciudad de tanta oferta
como Barcelona. Por tanto, ante el hecho de que esta era su tercera
edición, solo me cabía en la cabeza la posibilidad de que quizás el
público no es tan conformista como nos parece y que los verdaderamente
conformistas son los exhibidores autóctonos, más preocupados por vender
palomitas que por ofrecer calidad y variedad al usuario. Y así me lo
siguió pareciendo una vez comprobé el llenazo del primer día y la
asistencia media de los siguientes... bueno, eso y la absoluta dedicación
y devoción por el cine que demostraron los organizadores del evento,
quién sabe si espectadores movilizados desde hace ya tres años ante
tanta estulticia comercializada...
En fin, vayamos por orden.
La bienvenida al festival nos la dieron los artistas
orientales y autóctonos
que, para nuestro goce, representaron la danza tradicional del León
Chino, en la que durante un buen rato, y a modo de inauguración, nos deleitaron con enérgicos
movimientos al son rítmico de la percusión. La escena que
representaban, según una antigua leyenda china, es la siguiente:
"Un Nien (Figura
monstruosa que aparece durante el año nuevo)
aterrorizaba a los
habitantes de una villa. Estos le pidieron a un León que los ayudara,
pero en su intento el animal fue vencido. Los aldeanos entonces
inventaron un disfraz de un león, uniendo una gran cabeza con una tela
para que el mismo tuviera la dimensión de tres leones. El Nien cuando lo
vio, se escapó temeroso. Desde entonces se hace la danza para ahuyentar
a los malos espíritus y así evitar la entrada de la mala fortuna".
Una
vez terminado el espectáculo fue el momento de entrar en el recinto en
donde se realizarían las proyecciones de todo el festival, llamado
Mercat Vell seguramente por su función en el pasado, y que en el
presente no solo ofrece un amplio espacio moldeable a cualquier
actividad sino que sorprende por lo óptimo de su adecuación,
en
lo que a proyecciones cinematográficas se refiere, gracias a los
esfuerzos de los miembros del festival. Así pues, lejos de propuestas de
similar infraestructura pero más consolidadas como por ejemplo el
Festival de Terror de las Cocheras de Sants o el Terrormolins, en la
muestra Hannya disfrutamos de un recinto debidamente climatizado para el
tiempo invernal que azotaba en la calle así como de una calidad de
sonido realmente envidiable, t odo
ello levemente empañado por el lógico problema de visibilidad que suele
acarrear el utilizar espacios no inclinados para disponer las sillas,
asientos que por otra parte siempre resultarán incómodos para los menos
curtidos en festivales de esta índole pero que son viejos conocidos de
los más iniciados.
Antes
de la proyección inaugural estaba prevista
la comparecencia del director del festival, el
alcalde de Mollet del Vallès Josep Monràs i Galindo, y el actor de
origen oriental Alberto Jo Lee, de
actualidad por su interpretación en la premiada
Tapas,
de José Corbacho y Juan Cruz, así que aunque con retraso por el número
de danza precedente hicieron acto de presencia y dedicaron unas palabras
a la concurrencia, que llenaba la sala.
La
película escogida para abrir el festival fue
Electric Shadows,
de la directora china Xiao Jiang, una obra que arranca con fuerza pero
que cambia de registro inesperadamente para acabar desembocando en un
melodrama al uso de historia algo rocambolesca y final poco
satisfactorio. En ella se nos narra la historia de un joven que, por el
azar del destino, acaba descubriendo poco a poco el pasado de una chica
que, a priori, no conoce de nada y de la que nos intriga su estado seudo
catatónico. Conforme avanza la historia vamos descubriendo la vida de
este personaje, siempre con la mirada puesta en descubrir qué le hizo
llegar a la situación
actual,
aunque por el camino se irán abriendo nuevas incógnitas que nunca
llegarán a explicarse y que, por tanto, cuestionan la entidad del
supuesto clímax de la historia, que podría decirse que se acaba justo
cuando comienza a tener cierto empaque el personaje de la protagonista.
Por encima de lo suscrito anteriormente resalta durante toda la película
un gran amor por el cine, entendido como forma de vida y cuna de
sueños/anhelos para los personajes de la trama, aunque quizás se
repita un poco en esa idea conceptual y la sobreexponga, pero la
emotividad y evocación de las actuaciones del reparto consiguen salvar
esta situación por los pelos y pese a los altibajos de ritmo que sufre el fil m
a lo largo de todo su metraje. Mencionado otros apartados, cabe destacar
la sabia utilización de la música así como del montaje, en donde se
consigue un gran trabajo a la hora de integrar las continuas referencias
meta cinematográficas en un entorno costumbrista melodramático. En
definitiva, nos encontramos ante un film que aun después de todo lo
dicho anteriormente sigue siendo interesante de ver, no tanto por la
historia en si misma sino por el buen hacer demostrado en casi todos sus
apartados, con muy buenos momentos en la dirección, que alterna con
mucho tacto la comedia, el drama nostálgico y la tragedia, pero que
evidencia sobremanera el hecho de que, como película melodramática,
funciona mucho mejor por escenas que no como obra en conjunto.
Un buen inicio de festival que
deja el apetito a punto para los días siguientes.
Javi-Wan
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